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John G. Juárez (piano), Pierce Sallinger (clarinete) y Daniel Claridge (contrabajo) protagonizaron el 18 de mayo de 1956 la que probablemente sea la velada jazzística más extraordinaria de la que existen registros. Durante las once horas de improvisación no se levantaron de sus taburetes. El afortunado público asistió atónito a la sublime comunión de los tres músicos que, conscientes de haber alcanzado un estado superior, se sintieron obligados a continuar. Durante la sesión Sallinger sufrió un tirón, sorprendentemente en su gemelo izquierdo, y dos orgasmos. El concierto solo terminó cuando Juárez se desplomo, inerte, sobre el teclado. Claridge nunca volvió a tocar.

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