soledad

En 1989 en el estrecho de Puget, la US Navy detectó una señal acústica submarina inusual. En años sucesivos (descatalogado ya como secreto militar) fue reconocida nuevamente en diversos puntos del océano Pacífico siguiendo las pautas migratorias de algunas especies de ballenas. La singularidad residía en que este objeto emitía en una frecuencia de 52 hercios, muy alejada de aquellas perceptibles por los cetáceos. Expertos oceanógrafos redujeron la explicación a dos posibilidades: o se trataba del único representante de una especie desconocida de ballena o de un individuo con una malformación que le impedía producir sonidos en la frecuencia “correcta”. En ambos supuestos el ejemplar sería incapaz de comunicarse con otros congéneres. En la práctica, en la inmensidad del océano, esto supone la más absoluta soledad.

Hoy, veintiséis años después del primer contacto, se siguen recibiendo, puntuales, sus llamadas de 52 Hz.

ballena 52 hz firmado

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jazz

John G. Juárez (piano), Pierce Sallinger (clarinete) y Daniel Claridge (contrabajo) protagonizaron el 18 de mayo de 1956 la que probablemente sea la velada jazzística más extraordinaria de la que existen registros. Durante las once horas de improvisación no se levantaron de sus taburetes. El afortunado público asistió atónito a la sublime comunión de los tres músicos que, conscientes de haber alcanzado un estado superior, se sintieron obligados a continuar. Durante la sesión Sallinger sufrió un tirón, sorprendentemente en su gemelo izquierdo, y dos orgasmos. El concierto solo terminó cuando Juárez se desplomo, inerte, sobre el teclado. Claridge nunca volvió a tocar.

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