uszaj

El Uszaj (en original uusshzhaij) fue la bebida más exclusiva en el mundo antiguo. De origen mongol requería el ordeño de machos de yaks adulto alimentados durante cinco años con una dieta limitada a una secreta mezcla de pasto natural, amapola blanca y cebada muji de seis granos por espiga. Las bajas y estables temperaturas esteparias permitían una lenta fermentación del caldo que se prolongaba exactamente cinco lunas. Su degradación era sencilla y no existían métodos adecuados para su conservación por lo que no podía consumirse más allá de unas pocas horas desde la finalización de todo el proceso.

Solo le estaba permitido a la alta jerarquía tártara. Al margen de todas las propiedades místicas que se le atribuían, se dice que no ha existido jamás una droga equiparable en cuanto a duración (semanas) y efecto.

La cruz: debido a potentísimas toxinas acumulativas solo podría ser ingerido dos veces. La tercera provocaba indefectiblemente la muerte.

En 1956, cuando el último (la tradición oral habla de decenas) aristócrata kazajo consumió voluntariamente su tercer y último vaso, el gobierno de Ulán Bator prohibió su producción, comercialización y tenencia.

En 2014 la policía de fronteras qatarí interceptó un estuche de madera con dos botellas de 50 ml. La estimación oficial de su precio en el mercado fue de doce millones de dólares.

mancha firmada

soledad

En 1989 en el estrecho de Puget, la US Navy detectó una señal acústica submarina inusual. En años sucesivos (descatalogado ya como secreto militar) fue reconocida nuevamente en diversos puntos del océano Pacífico siguiendo las pautas migratorias de algunas especies de ballenas. La singularidad residía en que este objeto emitía en una frecuencia de 52 hercios, muy alejada de aquellas perceptibles por los cetáceos. Expertos oceanógrafos redujeron la explicación a dos posibilidades: o se trataba del único representante de una especie desconocida de ballena o de un individuo con una malformación que le impedía producir sonidos en la frecuencia “correcta”. En ambos supuestos el ejemplar sería incapaz de comunicarse con otros congéneres. En la práctica, en la inmensidad del océano, esto supone la más absoluta soledad.

Hoy, veintiséis años después del primer contacto, se siguen recibiendo, puntuales, sus llamadas de 52 Hz.

ballena 52 hz firmado