músico

Hace apenas veinte años de los primeros injertos plenamente funcionales de miembros humanos procedentes de “granjas biónicas”. Como era previsible, fue el mundo del deporte el que quebró las barreras morales y aprovechó las posibilidades abiertas. Hoy es el musical. Hariro Sei, soprano, doce cuerdas vocales. Durban Masik, pianista, tres brazos (el tercero con siete dedos). Y, por supuesto, el fenómeno mediático Leandro Zimmerman. Su batalla en los quirófanos es equiparable a la legal en el tribunal bioético. Esta noche actúa, sólo, en el Madison Square Garden, en el concierto con las butacas más caras jamás organizado. El fiscal jefe de New York consiguió in extremis frenar, por lesivas para la infancia, la difusión publicitaria de imágenes de cuello hacia abajo del artista.

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soledad

En 1989 en el estrecho de Puget, la US Navy detectó una señal acústica submarina inusual. En años sucesivos (descatalogado ya como secreto militar) fue reconocida nuevamente en diversos puntos del océano Pacífico siguiendo las pautas migratorias de algunas especies de ballenas. La singularidad residía en que este objeto emitía en una frecuencia de 52 hercios, muy alejada de aquellas perceptibles por los cetáceos. Expertos oceanógrafos redujeron la explicación a dos posibilidades: o se trataba del único representante de una especie desconocida de ballena o de un individuo con una malformación que le impedía producir sonidos en la frecuencia “correcta”. En ambos supuestos el ejemplar sería incapaz de comunicarse con otros congéneres. En la práctica, en la inmensidad del océano, esto supone la más absoluta soledad.

Hoy, veintiséis años después del primer contacto, se siguen recibiendo, puntuales, sus llamadas de 52 Hz.

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